Dark Paradise

lunes, 21 de marzo de 2011

Dragones, exámenes y poco más.

¡Hola otra vez! Ayer al final no pude subir la entrada por los malditos examenes, pero hoy que tengo un poquito de tiempo lo hago.
Es angustiante tener dos examenes por día, pero después pienso lo bien que me lo voy a pasar en semana santa y se me quita parte del angustia (un poco al menos xD).

No hay muchas novedades por mi parte, los de Soom siguen con mi niña retenida... Quiero a mi Topaz ya! Tendrá cuando llegue unos ojos color morado preciosos, y una peluca rubia de rizos espectacular (espero no cargarme los rizos).
Aqui una fotito de lo bonita que será Jerem:



Y ya que dentro de poco tendré (si todo va bien) a Ártume, he estado buscando molde para Filiare, mi protagonista dragona. Estoy casi segura de que será una Feeple65 de Fairyland, aunque no tengo tan claro si será una Chloe u otra que saquen más adelante, tendré que esperar a ver la Chloe con otros maquillajes.




Para Baion (mi segundo protagonista) me gustaría un EID, posiblemente un Akando. Para Euphoria y Aslard aún no encontré molde (acepto sugerencias)... seguire buscando xDDD


Por otro lado, foto del día, esta vez de Alouqua y Evander:



Finalmente, lo prometido es deuda, así que aquí dejo uno de los primeros mini capítulos de una de mis dos historias. Espero que os guste y no lo encontréis demasiado lioso.


Reencuentro

Seis años habían pasado desde aquel entonces. Desde el momento en el que mi intento por matar a esa dragona falló.
Como predije, la guerra estalló masacrando a personas inocentes de todas las edades, cosa que me importó más bien poco. No volví a ver a esa humana, la reina Euphoria la llamaban. Ni al guerrero que la acompañaba. Y como era de esperar, tampoco volví a ver a esa dragona escurridiza.
Tal vez si no hubiera dudado aquella vez… Tal vez si sus ojos no me hubieran mirado de esa forma podría haber hundido la daga en su pecho.

– Mi señor, – interrumpió en la tienda una subordinada de bajo rango – tenemos problemas.
– ¿Qué ocurre ahora? – le pregunte malhumorado.
– El bando enemigo se acerca.

Abandoné la silla donde me encontraba para salir de mi tienda. Aquellos incompetentes no estaban hechos para la guerra. Necesitaban experiencia, la experiencia de miles de años.

Caminé hacia otro de mis hombres que me observó entre temeroso y dudoso.

– Dicen que quieren hablar con usted.
– ¿Quién lo dice?

Musitó.

– Una chica de cabello blanco.

Para cuando termino esa frase mi mente estaba ya a muchos miles de kilómetros.
“Tiene que ser ella” – pensé.

– Prepara a mis hombres – dije.
– Pero, mi señor…
– ¡Prepara a mis hombres!

El soldado corrió.
Avancé de nuevo hasta mi tienda.
Esto iba a ser interesante.

Los minutos pasaron. Cinco, diez, quince. Veinte tal vez.
Sorbí de mi taza de té cuando una visión blanquecina inundo la sala.

– Hola, dragona blanca – saludé sonriendo de forma burlona.

Ella se limitó a sentarse frente a mí. Su chaleco color negro no le permitía encorvarse. Posiblemente debajo tendría una coraza. Era inteligente.
– ¿Té?
– No gracias, no deseo morir envenenada – respondió con una sonrisa ácida.
– Al igual que yo no deseo morir desangrado, – continué – por favor arroja la daga que llevas escondida en el escote.

Ella me miró con desdén y arrojó la daga sobre la mesa.

– Ordénale al arquero que está escondido que salga – dijo.
– Muy bien.

Hice un gesto con la mano y el hombre salio de la tienda.

– Te has vuelto muy astuta.
– Lo aprendí a la fuerza – sonrió.
– ¿Traes escolta, no es así?
– Euphoria está fuera junto con diez hombres.
– Creo que debería salir a saludarla – continué.
– Creo que te apuñalará si lo haces.

Reí.

– No se por qué me odia tanto, no tengo nada en contra de ella – dije – Es a ti a la que intento matar.
– Muy cierto.
– Creo que si no fueras el último dragón que existe nos llevaríamos bien.
– Lo dudo.
– No deberías dudar, antes confiabas en mí, me tenías… ¿Cómo dijiste aquella vez? – dudé - ¿Cariño?
– Sí, y ese cariño duró hasta que intentaste matarme por primera vez.
– Eres una rencorosa – me incorporé en la silla – ¿Seguro que no deseas té?
– Seguro.

El silencio inundo la tienda por primera vez en esos diez minutos. Di un leve sorbo a mi té.

– ¿A qué has venido?

Noté la duda en sus ojos.

– Deseo una tregua.

Solté la taza de té y reí a carcajadas.

– ¡Debes estar de broma! – dije aún con lágrimas en los ojos de tanto reír.
– No.

Silencio de nuevo.

– Me importa la gente que muere, no soy como tú – dijo seriamente.
– ¿Y que gano yo con eso?

Ella musitó.

– Lo que desees.

La observé detenidamente.

– ¿A ti?

Silencio.

– ¿Me estás tentando?
– Ya lo hice una vez – dijo – Y gracias a eso estoy viva en estos momentos.

Esperó pacientemente a mi respuesta.

– No.
– ¿No? – cuestionó – Podrías tener lo que desearas.
– He dicho no.

Ella bajó la mirada.

– Muy bien – dijo.

Abandonó su asiento y se dispuso a salir.

– ¡Filiare! – la llamé – Nos vemos en el campo de batalla.
– Sí.

Volví a estar solo en mi tienda.
Sonreí para mi mismo, deseoso de que nuestro próximo encuentro no tardara otros seis años.

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